Edward Mordake, un burgués inglés nacido en el siglo XIX, estaba afectado con diprosopia.Este síndrome es causado por una anomalía genética que implica la duplicación de rasgos de la cabeza, pudiendo incluir toda la cara.
Los individuos que nacen con ésta malformación sólo consiguen sobrevivir entre quince minutos y algunas horas, no siendo así el caso de Edward que consiguió llegar hasta la edad adulta para, posteriormente, quitarse la vida.
En su nuca podía verse una segunda cara de menor tamaño y con rasgos distintos a la otra. Aunque era incapaz de hablar o comer, cuenta la leyenda que ese segundo rostro sonreía.
Edward no soportaba tener esa ''compañía'' constante y suplicaba que se la extirparan ya que, según él mismo afirmaba, ese otro rostro le susurraba cosas tales como las que se escuchan en el infierno no dejandole ni dormir.
Antes de suicidarse debido a una gran depresión dejó constancia de su deseo de ser enterrado alejado de esa otra cara para que no pudiera seguir atormentándolo en el más allá.



